sábado, 21 ene 2012 16:03:16 CET
Discapacidad y atajar la exclusión laboral y educativa
Recién acabamos de publicar en nuestro Facebook una convocatoria de
ideas para promover la inclusión laboral de las personas con
discapacidad.
En paralelo, la Comisión Europea ha establecido un periodo de consulta publica en el proceso de desarrollo y aprobación de la Ley Europea de Accesibilidad.
En nuestro país, el COCEMFE y otras entidades claman que la nueva legislación exija que las empresa s con mas de 50 empleados cuenten con un 2% de empleados en su plantilla con discapacidad.
Las cosas están cambiando, precisamente por la obvia disociación que existe entre la discapacidad y el mercado de trabajo. Sobre esto, puede consultar un reciente estudio publicado por Fundación La Caixa.
Todas estas cuestiones son cruciales para las personas cuidadoras. La exclusión social tiene micho que ver en el hecho de ser cuidadores y no ser tutores o alguna otra figura.
El acceso al mercado laboral propicia un buen catalogo de elementos esenciales para la vida en sociedad. Nos referimos a la vida "independiente" y al hecho de ser autosuficiente y poder ocuparse uno de uno mismo.
Es mas, el hecho de lograr una participación plena en el mercado laboral para las personas con discapacidad implica que antes de eso haya se ha recorrido un camino. Ese camino deberá estar empedrado de empoderamiento y capacitación para participar y disfrutar plenamente de todas las esferas que corresponden a cada momento en el desarrollo de cada persona.
Esta cuestión toma un cariz distinto si hablamos de una discapacidad de naturaleza física o si hablamos de "dificultades en el aprendizaje". Los primeros tienen amplias posibilidades de, al menos, adquirir las competencias formativas necesarias para el ingreso en el mundo laboral cuando hablamos de trabajos no manuales. Los desarrollos técnicos y tecnológicos permiten salvar las dificultades que les acompañan.
La dificultad en el aprendizaje exige ser abordada de manera muy distinta. No son necesarios estudios exhaustivos acerca de las potencialidades de estas persianas y de cómo estas no se ven alcanzadas.
De hecho, nuestras intervenciones educativas se han mostrado hasta ahora bien esquivas a la hora de desarrollar las capacidades de estas personas de manera apreciable. Apreciable para, por ejemplo, optar a algo tan “nimio” como adoptar todas las responsabilidades y los derechos que ser un ciudadano pleno trae consigo.
Los procesos de inclusión y exclusión son catalizados por todos los que estamos en el contexto social bajo el que tal exclusión sucede. Lógicamente, cada elemento juega un papel distinto y, desde luego, la capacitación para la inclusión social de los y las previamente excluidos siempre debe hacerse en paralelo con la propia modificación de esos procesos excluyentes.
La educación es crucial para ello y, como sucede en todas las esferas educativas, el dinero es un enorme condicionante. Son los techos de coste los que determinan que las personas con necesidades especiales para el aprendizaje no dispongan de los medios suficientes para alcanzar ese potencial del que hablamos.
Existen otros impedimentos: legales, vacíos teóricos y metodológicos, culturales... Estas y muchas otras son las cuestiones que determinan que la exclusión a estas personas comience desde bien pequeños y se edifiquen sus consecuencias de una manera acumulativa y exponencial en estas personas.
Viéndolo así resulta abrumador pensar en abordar y resolver este terrible problema, pero existen atajos como este que no debe, al menos, dejar de conocerse y tener en cuenta:
En paralelo, la Comisión Europea ha establecido un periodo de consulta publica en el proceso de desarrollo y aprobación de la Ley Europea de Accesibilidad.
En nuestro país, el COCEMFE y otras entidades claman que la nueva legislación exija que las empresa s con mas de 50 empleados cuenten con un 2% de empleados en su plantilla con discapacidad.
Las cosas están cambiando, precisamente por la obvia disociación que existe entre la discapacidad y el mercado de trabajo. Sobre esto, puede consultar un reciente estudio publicado por Fundación La Caixa.
Todas estas cuestiones son cruciales para las personas cuidadoras. La exclusión social tiene micho que ver en el hecho de ser cuidadores y no ser tutores o alguna otra figura.
El acceso al mercado laboral propicia un buen catalogo de elementos esenciales para la vida en sociedad. Nos referimos a la vida "independiente" y al hecho de ser autosuficiente y poder ocuparse uno de uno mismo.
Es mas, el hecho de lograr una participación plena en el mercado laboral para las personas con discapacidad implica que antes de eso haya se ha recorrido un camino. Ese camino deberá estar empedrado de empoderamiento y capacitación para participar y disfrutar plenamente de todas las esferas que corresponden a cada momento en el desarrollo de cada persona.
Esta cuestión toma un cariz distinto si hablamos de una discapacidad de naturaleza física o si hablamos de "dificultades en el aprendizaje". Los primeros tienen amplias posibilidades de, al menos, adquirir las competencias formativas necesarias para el ingreso en el mundo laboral cuando hablamos de trabajos no manuales. Los desarrollos técnicos y tecnológicos permiten salvar las dificultades que les acompañan.
La dificultad en el aprendizaje exige ser abordada de manera muy distinta. No son necesarios estudios exhaustivos acerca de las potencialidades de estas persianas y de cómo estas no se ven alcanzadas.
De hecho, nuestras intervenciones educativas se han mostrado hasta ahora bien esquivas a la hora de desarrollar las capacidades de estas personas de manera apreciable. Apreciable para, por ejemplo, optar a algo tan “nimio” como adoptar todas las responsabilidades y los derechos que ser un ciudadano pleno trae consigo.
Los procesos de inclusión y exclusión son catalizados por todos los que estamos en el contexto social bajo el que tal exclusión sucede. Lógicamente, cada elemento juega un papel distinto y, desde luego, la capacitación para la inclusión social de los y las previamente excluidos siempre debe hacerse en paralelo con la propia modificación de esos procesos excluyentes.
La educación es crucial para ello y, como sucede en todas las esferas educativas, el dinero es un enorme condicionante. Son los techos de coste los que determinan que las personas con necesidades especiales para el aprendizaje no dispongan de los medios suficientes para alcanzar ese potencial del que hablamos.
Existen otros impedimentos: legales, vacíos teóricos y metodológicos, culturales... Estas y muchas otras son las cuestiones que determinan que la exclusión a estas personas comience desde bien pequeños y se edifiquen sus consecuencias de una manera acumulativa y exponencial en estas personas.
Viéndolo así resulta abrumador pensar en abordar y resolver este terrible problema, pero existen atajos como este que no debe, al menos, dejar de conocerse y tener en cuenta:
Publicado por a las 4:03 PM en Ser Cuidador/
