lunes, 6 feb 2012 21:14:22 CET

Risa y risoterapia.

Todo el que nos lee conoce de nuestra insistencia en promover la adopción del Autocuidado como primera estrategia a la hora de ser cuidadora/or.

Ya lo conocen: invertir el orden de los factores -priorizamos la atención y el bienestar de nuestro familiar sobre la nuestra- dispara las posibilidades de que el cuidado sea de peor calidad por no estar nosotros en las mejores condiciones.

Existe un aspecto del Autocuidado en el que no se suele profundizar tanto y sobre el que nosotros venimos hablando un tiempo: aquellas situaciones emocionales y actitudinales que generan equivalentes en quien está a nuestro cuidado.

Bienestar emocional, serenidad, ilusión en la cotidianidad y por el futuro... Ir más allá de encontrarnos en disposiciones óptimas para cuidar y ostentar y proveer actitudes. El final del año pasado comprendió en este Blog mucha atención al respecto de estas actitudes y perspectivas y sus beneficios.

La nobleza que en la inmensa mayoría de las realidades ostenta el cuidador hace posible atender las necesidades del familiar. Si el cuidador se cuida, estas necesidades son atendidas de mejor manera y con un coste menor para quien provee los cuidados. Si el cuidador retiene o recupera el estado emocional que comprenda estas cuestiones, sienta las bases para un futuro mucho mejor que el ni siquiera han soñado tantas y tantos cuidadores durante largos años.

Lean esto aparecido en La Voz de España:

Ana Rubio tiene 83 años y desde hace poco menos de la mitad de su vida atiende a un hijo enfermo que depende de una silla de ruedas para desplazarse. La mujer es consciente de que su estado de ánimo influye en el bienestar de su hijo, y por eso ha decidido coger el toro por los cuernos y plantearse la vida con una sonrisa de oreja a oreja. «Es fácil entrar en una depresión, pero en vez de deprimirse hay que buscar la manera de alegrarse; ser feliz, pero dentro de los límites que tenemos, eso sí», afirma la mujer, que estos días participa junto a otras personas en situación similar a la suya en el programa municipal de ayuda «Cuidando al cuidador».

Habla sobre apoyo a cuidadores mediante risoterapia.

Este taller que imparte una psicóloga busca que las personas que cuidan a personas dependientes no se agoten. Que refuercen su autoestima hasta ser capaces de afrontar los problemas sin caer en la depresión. Un riesgo palpable. «Aprendí a no despotricar», espeta Anita Rubio. «Nunca hay que decir ¡qué desgracia me tocó!; es una suerte aprovechar los talentos que Dios nos dio», añade. Enfrente de Anita Rubio se sienta Gloria Blanco, que destaca que el taller le ha servido para aprender a controlar sus emociones. «Hay días que te desesperas. Porque la cosa no avanza, y todo tu trabajo parece invisible, como que no sirve para nada», cuenta. «Te puedes desesperar, pero de qué sirve eso», reflexiona la mujer

Puede acceder al artículo completo pinchando AQUÍ.

Poco tenemos que añadir sobre esto considerando lo que estas breves palabras dices. Ante situaciones difíciles, quizás sea pertinente un cambio de enfoque. Siendo nosotros mismos, seguro que podemos, como decíamos, retener y rescatar esos elementos emocionales que son comunes a todas las personas y cuya pérdida suele tener efectos bien significativos.

El buen humor y la risa, es un arma, un fin, un elemento y un catalizador de ese compendio de elementos del que hablamos.

Reirse es uno de los mejores consejos que nadie puede dar. Si tiene oportunidad de acceder a talleres de risoterapia, le animamos  a ello y, le garantizamos que pocas cosas tan “terapeúticas” puede encontrar a su alcance una cuidadora y un cuidador en la mejora de nuestras capacidades para... no ya cuidar, ser personas.


Publicado por sercuidador a las 9:14 PM en Ser Cuidador/
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