Boletín digital - Nº29 16 de Mayo de 2008   digital.cruzroja@cruzroja.es   
 
Don Urbano, un discapacitado entre las ruinas provocadas por el terremoto de Perú

Urbano Asensio es una de esas personas a las que la vida se ha encargado de ponérselo más difícil para salir adelante. Vive en la ciudad de Ica (Perú) desde que recuerda, ahí ha pasado sus sesenta y muchos años, ahí se casó y tuvo a sus hijos. Con el paso de los años ha ido quedándose solo. “Los hijos tienen que volar, es ley de vida”, sentencia Urbano, un viejecito entrañable de pelo blanco y mirada perdida. Pero la soledad no hace distinto a Urbano de otras miles de personas mayores que viven sin compañía.

Nunca tuvo una gran fortuna y siempre ha vivido de forma ajustada, en una vivienda de adobe, la construcción típica en la zona. Hasta el 15 de agosto de 2007 vivía con su hija, pero tras el terremoto, que destruyó su casa, su hija tuvo que marcharse a un albergue con los niños, porque no podían vivir en estas condiciones y él se quedó solo en las ruinas de lo que era su hogar.

Con apenas unos palos, esteras y ayuda de un vecino, improvisó un espacio donde vivir. Urbano sufre una parálisis que le mantiene atado a una silla de ruedas improvisada con una silla de plástico y una estructura metálica fabricada con diversos materiales.

Dice que su destino es la soledad, pero al menos durante las noches su nieto va a dormir con él. Nadie le ayudó tras el terremoto. Sabe que se han distribuido distintas ayudas, pero con su silla no puede desplazarse a los lugares de entrega: “quien no anda, no encuentra y yo no ando”, se lamenta.

Pero una mañana aparecieron los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja que lo encontraron cuando identificaban necesidades en su barrio. El rojo que llevan en el pecho sobresale sobre todas las cosas, recuerda Urbano. Habla de los voluntarios de Cruz Roja Peruana que desarrollan el programa de construcción de alojamientos temporales que implementa Cruz Roja Española con el apoyo de la Agencia Humanitaria de la Unión Europea (ECHO) y el Gobierno de Navarra.

Las especiales circunstancias de Urbano impedían que participara de forma activa en la construcción de su alojamiento temporal y, por otro lado, el diseño inicial no permitía la accesibilidad al módulo. Ante esta situación, los voluntarios Chynthia, Andrea, Rosita y Julio, junto con Carmen Ramos, delegada de Cruz Roja Española, decidieron aprovechar los fines de semana para construir un módulo con la puerta más grane, hacer una pequeña rampa en la loseta que hace de suelo y ubicar mejor la cama y los pocos enseres con los que cuenta para garantizar su movilidad y cierto grado de autonomía personal.

Sin saberlo, Carmen y su equipo han construido el primer alojamiento temporal adaptado de Cruz Roja en una situación de post emergencia, que ha devuelto a Urbano la confianza en las personas. La delegada está convencida que es necesario diseñar acciones específicas para personas con discapacidad en las situaciones de emergencia, pues de otro modo situaciones como la de Urbano pasarían desapercibidas.

Él está profundamente agradecido a los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja, que lo visitan periódicamente en su nueva “casa”. Ahora sueña con que en los últimos años de su vida pudiera tener una casa mejor. No sabe si lo conseguirá, pero tiene claro que aquellos “chicos de rojo” han cambiado su vida incluso más que el terremoto.

Texto: MJesús López Santana
Foto: Cruz Roja


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