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DISCAPACIDADES SENSORIALES (AUDITIVAS)


Deficiencias Auditivas
Las deficiencias auditivas son las disfunciones o alteraciones cuantitativas en una correcta percepción auditiva. Se entiende por hipoacusia la disminución de la capacidad auditiva y la pérdida total de la audición recibe el nombre de cofosis (sordera).el grado de pérdida auditiva.

Hay distintas clasificaciones de las hipoacusias y sordera atendiendo a cuatro criterios: la parte del oído afectada, la etiología, el momento de aparición y el grado de pérdida auditiva. Entre las principales enfermedades podemos mencionar: la hipoacusia profunda, la presbiacusia, la sordera o deficiencia auditiva total, la neurofibromatosis, el síndrome de Alport, el síndrome de Goldenhar, el síndrome de Kearns Savre, el síndrome de Pendred, el síndrome de Usher y el síndrome de Waardenburg entre otros.

Vivir con deficiencias auditivas

Una vez confirmado el diagnóstico por el otorrino se inicia una etapa decisiva para la persona afectada y su familia, que debe ser aprovechada, ya que es un tiempo irrecuperable que va a comprometer su desarrollo personal, la adquisición del lenguaje y de todas las capacidades y habilidades cognitivas que de ellas derivan. Aquí reside la diferencia entre los niños estimulados tempranamente y los que reciben esta atención específica de forma más tardía. El papel de los padres y cuidadores tiene en este caso en particular una importancia extrema, ya que es el más natural y eficaz estímulo psicológico y didáctico de la persona con discapacidad a lo largo de su desarrollo.

El niño sordo comienza a comunicarse por medio de gestos o mímica, pero la comunicación verbal es importante estimularla desde el principio y en todo momento. El niño tiene que tomar conciencia de la emisión vocal propia y también la del adulto. Como cuidadores, debemos dar gran importancia a las emisiones que realice y potenciarlas.

Comunicación

La comunicación puede plantear algunas dificultades añadidas cuando la persona con la que hablamos tiene dificultades. La comunicación con las personas que han perdido la capacidad de oír con normalidad es especialmente difícil, aunque es posible si se emplean fórmulas para facilitarla. Oyen peor los sonidos agudos, malinterpretan los mensajes más fácilmente, se hace más difícil la comunicación no verbal ya que centran su atención en los labios del otro y no atienden a otras señales, al no entender lo que se les dice, pueden volverse recelosos y desconfiados, tienden a estar de mal humor y se aíslan. Tenemos que elegir para hablar lugares silenciosos, captar su atención antes de hablar (tocándole si es necesario), situarse enfrente y mientras hablamos mirarle a la cara, asegurarnos de que existe suficiente iluminación sobre la cara para facilitar que pueda leernos los labios, hablar despacio y vocalizar, utilizar frases sencillas y cortas, no cambiar rápidamente de tema y no hablar excesivamente alto.

Las ayudas técnicas son de gran importancia, proporcionan información pero no comprensión, de ahí la necesidad de llevar a cabo un buen entrenamiento desde el comienzo. Una intervención temprana y el aprovechamiento de los restos auditivos, por pequeños que sean, suponen grandes avances para las personas con déficit auditivos, ya que el procesamiento de la información por la vía auditiva es mayor que por cualquier otra.

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