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Historia de Carolina

 

 

Las personas cuidadoras no profesionales muchas veces comparten su labor con personas cuidadoras profesionales en el domicilio; hoy en el blog de SerCuidadorA os presentamos la historia que hay detrás de una de estas personas, porque entender la historia personal es importante para poder compartir una labor tan cercana, íntima y sensible y que repercute de forma tan directa en el bienestar de nuestro familiar dependiente.

 

HISTORIA DE CAROLINA
Jesús Fuentes Lázaro
historiador, profesor y político toledano

 

La historia que va a leer comienza bien, si abandonar la tierra de nacimiento, la juventud mimada y un futuro ilusionado, puede considerarse un buen comienzo.

Incluso del desarrollo de esta historia, tras varios años de emigración en España, podemos escribir que transcurre bien. Tan bien que Carolina no ha tenido inconveniente en que se utilice su nombre real. Su historia puede ser útil para otras personas que, como ella, tengan que dejar a kilómetros de distancia la inocencia protegida en una familia protectora. O para que, quienes tienen recelos hacia los desconocidos, cambien sus percepciones sobre la emigración, si eso es posible.

 

 

Había quedado con Carolina en una cafetería en la que pudiéramos hablar de manera informal. Llegó tarde. Venía de una consulta médica y esta se había retrasado. En ese día el «Aquarius» había llegado a Valencia con 360 emigrantes a bordo. Ningún país del Mediterráneo había querido acoger su cargamento humano.  En la espera me distraje con las conversaciones que se escuchaban en mesas de más allá. Comentaban el acontecimiento y salían a relucir los tópicos habituales. Esos que se difunden por las redes sociales. Que les regalan pisos, que se les da un salario de por vida, que quitan puestos de trabajo, que colapsan la sanidad pública, que disminuyen las pensiones, que así no se puede seguir por qué no cabemos todos, etc.

 

Si la suerte, la mala suerte,

no se hubiera entrometido en la vida de su familia,

Carolina hubiera estudiado Medicina en Managua.

 

Carolina salió de Nicaragua con 21 años. Que viniera a España se debió a una prima, que ya andaba por aquí trabajando de Cuidadora. Si la suerte, la mala suerte, no se hubiera entrometido en la vida de su familia, Carolina hubiera estudiado Medicina en Managua. Empezó a cursar el primer año. Con un título universitario, tal vez, podría haberse adscrito a uno de los grupos escogidos de su país. Hubiera funcionado el «ascensor social», tan imprescindible para reducir desigualdades. Cuando las cosas se torcieron, hubo que rehacer todos los planes, los grandes y los pequeños, los diarios y los venideros y hasta madurar más deprisa de lo necesario. Las perspectivas variaron.

 

 

Para ir preparando la conversación sobre su vida hablamos de Nicaragua. Ese mismo día en un diario de tirada nacional se publicaban unas declaraciones del Rector de la Universidad de Centroamérica, el jesuita José Alberto Idiáquez, que decía literalmente: «el Presidente y su esposa están dejando pequeño al dictador Somoza». Carolina cuenta una noticia que le ha llegado por las redes.  En una casa particular, cuenta, ante la negativa de abandonar el domicilio por parte de los padres, han matado a dos bebés. Querían la casa libre para situar francotiradores.

 

La mamá de Carolina trabajaba en una empresa en Managua y con el salario podía pagar los estudios de la hija. Lo que suelen hacer casi todos los padres del mundo. Se esfuerzan y ahorran para que los hijos accedan a una vida distinta. A ser posible, mejor. Cuando a la mamá la despidieron del trabajo, el proyecto trabado de sueños y realidades se derrumbó. Como ha escrito recientemente Marina Garcés en Ciudad Princesa: «Últimamente, mucha gente ha visto roto sus sueños particulares de confort y de bienestar, por humildes que fueran. Las crisis políticas, económicas y de civilización se superponen. Y con ello los anhelos de transformación del mundo hacia sociedades más visibles y más justas se convierten en campañas urgentes de reparación de daños cada vez más irreversibles».

 

 

Se quedaron sin ingresos. En los primeros momentos sobrevivieron con la solidaridad de otros familiares, pero Carolina tuvo que replantearse la vida, como ocurre tantas veces en cualquier lugar del mundo. A través de una prima, que ya estaba en Toledo, se prepararon las cosas para que se trasladara a España. Contrataron un viaje barato con el siguiente recorrido: Nicaragua-Panamá-Venezuela-Italia-Madrid. Aturdida por el viaje y probablemente asustada se hospedó en un hotel que la prima había buscado. Por teléfono le indicó que tomara un taxi y fuera a la Plaza Elíptica. Allí la esperaba para coger un autobús con destino a Toledo. Cuando llegaron a la estación de autobuses de Toledo, el mundo de Carolina ya definitivamente quebró. Era de noche, el edificio no tiene buen aspecto por dentro y tampoco por fuera. Está situado en un lugar desarticulado, como un invertebrado oscuro. Entonces sí que exclamó ¡diosito, dónde me he metido!

 

Los papeles han sido cambiados de manera vertiginosa.

Ahora es a ella a quien le corresponde cuidar de mamá.

 

Carolina sabía poco de España y de los trabajos que podría encontrar. Aunque alguna referencia tenía. Había sido estudiante hasta hacía poco, pero se adapta al nuevo lugar, a las nuevas circunstancias, al nuevo escenario en el que ella ya no es la niña mimada de mamá. Los papeles han sido cambiados de manera vertiginosa. Ahora es a ella a quien le corresponde cuidar de mamá. Pronto conseguirá un trabajo como Cuidadora en un pueblo de la provincia. Recuerda que llegó al pueblo en las fiestas del año 2011. La persona a la que tenía que cuidar tenía 86 años y estaba sorda. Con la ayuda de la hija de la mujer a la que iba a cuidar, logrará sobrevivir a la primera experiencia. La hija le preguntó si sabía cocinar. Carolina respondió la verdad, que no, pero que estaba dispuesta a aprender. Cobraría 700 euros. El salario medio en Managua es de 120 dólares. Carolina se aloja en Toledo en una vivienda de tres habitaciones. El alquiler es de 550 euros, más gastos de luz y agua. En el piso se alojan seis personas.

 

Solo dispone de su voluntad, de su inteligencia

y de su carácter suave,

aunque no permite que nadie la avasalle.

 

Tras la primera experiencia como Cuidadora, que duró año y medio, sin ninguna preparación y sin ningún conocimiento, excepto la necesidad de resistir, se quedó sin trabajo. Y sin ingresos en Managua. Su madre y su abuela dependen de los envíos que ella haga. Así irá encadenando periodos de paro con trabajos casi siempre de Cuidadora de señoras mayores, de niños, de matrimonios que trabajan fuera. Se adapta y aprende. Solo dispone de su voluntad, de su inteligencia y de su carácter suave, aunque no permite que nadie la avasalle. A toda velocidad ha desarrollado sus propios mecanismos de autodefensa.

 

Sabe lo que quiere... encontrará trabajo de Cuidadora.

Solo echa de menos no tener preparación

y tener que ir aprendiendo en el día a día.

 

Sueña con su país. Con volver y poner un negocio. También piensa en marcharse a los Estados Unidos, aunque en la actualidad, con Trump, las cosas se complican. No obstante, no le ha ido mal por aquí, según admite. La gente para la que ha trabajado ha colaborado y no ha tenido malas experiencias o, por lo menos, ella no las cuenta. La impresión es que no engaña. No tiene necesidad. Sabe lo que quiere. Sabe que tiene que ayudar a su familia y que, por aquí, con altibajos, encontrará trabajo de Cuidadora. Solo echa de menos no tener preparación y tener que ir aprendiendo en el día a día.

 

 

Carolina llegó a España en el año 2011. La charla se realizó el día 19 de junio del año 2018. En Managua, su madre y su abuela esperan ávidamente el envío de cien o ciento cuarenta dólares, que les permita seguir viviendo una vida austera. Debe ser mucha presión para aquella estudiante de primer curso de una carrera, que tuvo que abandonar.

Las noticias que publican de su país no son alentadoras. En unas declaraciones recientes, Carlos Mejía Godoy, que en España se hizo famoso por su «Misa Campesina», dice que el Presidente de su país representa el apocalipsis de Nicaragua. Y en días siguientes se cuenta que a algunos opositores les rocían con acido la cara y el cuerpo. «Ya no solo utilizan la bala para matarnos. Es una mentalidad homicida. Es otro nivel de violencia», comenta un opositor.

 

Carolina ha leído este texto sobre su historia. Y le parece bien.

 

 

Jesús Fuentes Lázaro
historiador, profesor y político toledano

links imágenes:

Migrar.org

Nicaragua

Ciudad Princesa

 

Comentarios
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Demisa
Admiro a personas como Carolina, personas corrientes, que viven con dignidad y sin pretensiones. Me extraña y maravilla el hecho de que hasta cuando se le presta una atención en exclusiva, a ella simplemente "le parece bien". ¡Qué bien, Carolina, qué bien!
Publicado el día 7/08/18 8:21.
¡Gracias por tu comentario Demisa!
Publicado el día 7/08/18 10:50.
A

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