miércoles, 7 dic 2011 18:04:50 CET
¿De quién es la culpa? Unas reflexiones sobre cómo enfocar los cuidados. Cuarta Parte.
Pues sí, nuestra realidad es modificable. Obviamente, no toda ella,
pero sí muchos elementos que la componen y que pueden jugar a favor de
nuestro bienestar... o muy en contra.
Modificar nuestra realidad precisa de tomar conciencia de que ésta es modificable, entender qué podemos cambiar y qué es lo que exige implementar cada cambio, tomar la determinación y actuar de manera proactiva hacia la consecución del objetivo -el cambio que nos hemos planteado-... en definitiva, implica decidir tomar el control de nuestro contexto y vida... y lograr tomarlo.
Esta es una de las mejores decisiones que puede tomar cualquier persona y, desde luego, las cuidadoras y cuidadores. Los beneficios se aprecian no sólo cuando logramos el deseado control de nuestro contexto... sino desde que comenzamos a andar ese camino.
Las cuidadoras y los cuidadores son uno de los ejemplos más claros acerca de lo que son capaces las personas. Las capacidades que las personas presentan en términos potenciales con enormes, y los cuidadores son una buena muestra de ello.
Sin embargo, cuidar implica costes, como todos los cuidadores y los profesionales sabemos. Cuidar al familiar, cuidarnos a nosotros mismos, cuidar y gestionar nuestro hogar, trabajar, lidiar con preocupaciones, temores e incertidumbres, afrontar la soledad... exige una inversión de energías físicas, mentales y emocionales ingente. Lo que seguramente deja poco margen para abordar mejoras como la toma de control de nuestro contexto y nuestra vida.
Pero se puede... y aunque parezca difícil creer, no es tan difícil.
Como decimos, las capacidades de las personas en términos potenciales son enormes. Quedarnos lejos de esa potencialidad sucede debido a una infinidad de causas que no conviene evaluar en exceso. En cualquier etapa de la vida y en cualquier contexto se pueden desarrollar esas capacidades, adquirir nuevas competencias y, por supuesto, apreciar estas incorporaciones y tomar conciencia de lo lejano que está nuestro propio techo.
Abordar esta cuestión, requiere de intervenciones muy particulares y muy ajustadas a la propia persona. Requiere igualmente la implicación de la persona, y esa es la primera dificultad. Muchos de nuestros límites son creados y artificiales.
Rompiéndolos, podemos volver al inicio de esta serie de entradas y a la pregunta “¿de quién es la culpa?”.
Porque, ¿de quién es la culpa de que los cuidadores estén expuestos a esas dificultades, riesgos y vulnerabilidades que generan problemas de salud, aislamiento social, merma de derechos, sobrecarga de responsabilidades sin el apoyo social que merecen...?
Y desafiando nuestros propios límites podremos apreciar no la respuesta a esta pregunta, sino el valor que tiene preguntarnos eso.
Y es que no se nos despertará esa cuestión, sino que lo harán otras de naturaleza más acuciante: no por las causas de que estemos como estamos, sino qué vamos a hacer para llevar a cabo todo lo que queremos llevar a cabo.
Modificar nuestra realidad precisa de tomar conciencia de que ésta es modificable, entender qué podemos cambiar y qué es lo que exige implementar cada cambio, tomar la determinación y actuar de manera proactiva hacia la consecución del objetivo -el cambio que nos hemos planteado-... en definitiva, implica decidir tomar el control de nuestro contexto y vida... y lograr tomarlo.
Esta es una de las mejores decisiones que puede tomar cualquier persona y, desde luego, las cuidadoras y cuidadores. Los beneficios se aprecian no sólo cuando logramos el deseado control de nuestro contexto... sino desde que comenzamos a andar ese camino.
Las cuidadoras y los cuidadores son uno de los ejemplos más claros acerca de lo que son capaces las personas. Las capacidades que las personas presentan en términos potenciales con enormes, y los cuidadores son una buena muestra de ello.
Sin embargo, cuidar implica costes, como todos los cuidadores y los profesionales sabemos. Cuidar al familiar, cuidarnos a nosotros mismos, cuidar y gestionar nuestro hogar, trabajar, lidiar con preocupaciones, temores e incertidumbres, afrontar la soledad... exige una inversión de energías físicas, mentales y emocionales ingente. Lo que seguramente deja poco margen para abordar mejoras como la toma de control de nuestro contexto y nuestra vida.
Pero se puede... y aunque parezca difícil creer, no es tan difícil.
Como decimos, las capacidades de las personas en términos potenciales son enormes. Quedarnos lejos de esa potencialidad sucede debido a una infinidad de causas que no conviene evaluar en exceso. En cualquier etapa de la vida y en cualquier contexto se pueden desarrollar esas capacidades, adquirir nuevas competencias y, por supuesto, apreciar estas incorporaciones y tomar conciencia de lo lejano que está nuestro propio techo.
Abordar esta cuestión, requiere de intervenciones muy particulares y muy ajustadas a la propia persona. Requiere igualmente la implicación de la persona, y esa es la primera dificultad. Muchos de nuestros límites son creados y artificiales.
Rompiéndolos, podemos volver al inicio de esta serie de entradas y a la pregunta “¿de quién es la culpa?”.
Porque, ¿de quién es la culpa de que los cuidadores estén expuestos a esas dificultades, riesgos y vulnerabilidades que generan problemas de salud, aislamiento social, merma de derechos, sobrecarga de responsabilidades sin el apoyo social que merecen...?
Y desafiando nuestros propios límites podremos apreciar no la respuesta a esta pregunta, sino el valor que tiene preguntarnos eso.
Y es que no se nos despertará esa cuestión, sino que lo harán otras de naturaleza más acuciante: no por las causas de que estemos como estamos, sino qué vamos a hacer para llevar a cabo todo lo que queremos llevar a cabo.
Publicado por a las 6:04 PM en
Ser Cuidador/