Imagen Juventud
"Al colegio, en vez de un cuaderno, llevan un plato"
P. Díez de la Lastra Buigues, destinado de la Cruz Roja España en Kenia

Cuando llegamos a la escuela de Shantabaq, cerca de Wajir, unos doscientos niños esperan pacientemente sentados frente a las aulas. Pero hoy no es día de clase. Aún no ha empezado el curso, pero el gobierno ha mantenido abiertos los centros para que los más pequeños sean alimentados. Así que, en lugar de llevar en la mano un cuaderno, llevan un plato, o una taza, o un cubo, o cualquier otro envase que sirva para contener los dos cucharones de papilla nutritiva que están a punto de darles las cocineras. Las mismas que esta mañana cargaron, como cada día, con varios bidones de agua durante tres kilómetros para poder cocinar. Porque el alimento ha llegado, pero aún hay que instalar en el colegio un tanque de agua y asegurarse de que nunca esté vacío.

 

Y eso que aquí, al menos, hay una charca cercana que aún tiene agua, aunque, como dice el maestro, sea "muy salina, mala para cocinar y para los niños". Hay muchas otras comunidades que dependen de las organizaciones que pagan por el agua transportada en camiones desde decenas de kilómetros. Hasta hace poco, algunas comunidades llegaban a costearse ellas mismas los camiones vendiendo su ganado. Pero ya es difícil ver una vaca por aquí, exceptuando las que yacen al borde de las charcas secas, claro.

 

Parece que la papilla ya está lista, y algunos miembros de la comunidad organizan en filas a los escolares. Niñas a un lado y niños a otro. Algunos intentan infructuosamente enfriar bajo un árbol la humeante taza, mientras otros deciden resignarse y emprender la vuelta a casa con su única comida del día entre las manos. Sin embargo, un grupo de niños permanece frente a la cabaña con sus platos fríos. El maestro, mientras una niña le mira expectante tapándose tímidamente la cara con el plato por debajo del pañuelo, nos cuenta que no esperaban tantos niños hoy, pero que cocinarán un poco más para que ninguno se vaya con el estómago vacío.

 

Pero no nos engañemos; esta situación no es nueva aquíAhora esta parte del mundo recibe algo de atención gracias a que comparten algo, las graves y recurrentes sequías, con los refugiados somalíes que salen en los medios, en una situación aún más dramática. Pero suena irónico que un conflicto, que es parcialmente una consecuencia también de la extrema y permanente necesidad que sufre el cuerno de África, sea la única manera de que el mundo se acuerde de ellos.

 

En esta árida tierra el olvido también amenaza con convertirse en crónico. Pero eso no se soluciona con un plato de comida.

Ver más historias